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Que los servidores públicos y dirigentes comprendan el peso que la publicidad tiene sobre las campañas y lo vital que es construir correctamente una marca que permanezca en la mente de los votantes no es algo nuevo.

Millones de mexicanos vimos cómo el sexenio de Carlos Salinas de Gortari (1988 -1994) recordado como uno de los disparadores de la crisis económica mexicana más importante en la historia del país, terminó con un alto nivel de aprobación, gracias a la titánica campaña de Televisa en torno al programa Solidaridad.

Un solo video musical con las estrellas más famosas de la televisión fue suficiente para mejorar la opinión pública sobre uno de los presidentes más polémicos de México. ¿Por qué tuvo tanto éxito este intento que, viéndolo de nuestra perspectiva actual, podría parecer burdo?, porque tenía todo las herramientas necesarias para generar confianza en el público de la época:

  1. Una balada pegajosa y bien producida
  2. Caras de actores y cantantes que veíamos diario y que nos gustaban
  3. Una letra que llamaba a la unión ante la adversidad y al orgullo nacional

Si lo pensamos a fondo, no es tan diferente de cómo construimos una marca política en la actualidad, solo una cosa ha cambiado: Las redes sociales. En los 90’s los medios en los que los políticos hacían campañas eran de una sola vía.

En esos tiempos la gente se sentaba frente al televisor y la radio, sólo a escuchar. Podían compartir su opinión con familiares o compañeros de trabajo, pero esta nunca salía de los muros del hogar o los cubículos de la oficina. Ahora es una algo vivo y cambiante, completamente integrada a las campañas. Así es como ha cambiado el juego desde la llegada de los nuevos medios, y es imperativo adaptarse.

Una marca en la casa blanca

La victoria de Donald Trump en el 2016 sorprendió a todos, menos a los publicistas. El afamado empresario llevaba construyendo una ambiciosa marca desde los 90’s, el impacto de la misma aumentó en proporciones astronómicas cuando descubrió las redes sociales. Trump había amasado cifras de millones de seguidores en diferentes espacios de social media que aventajaban por mucho a sus competidores en la carrera por la presidencia y rivalizaba incluso con las poblaciones de países enteros.  6.9 millones en Facebook, 7.48 millones en Twitter y 1.3 millones en Instagram.

El impacto de este nivel de popularidad en redes sociales se entiende mejor cuando nos detenemos a ver cómo funciona la comunicación política ahora. Tan solo en Estados unidos 92% de los votantes tiene al menos una cuenta en redes sociales. 54% comparte contenido político diariamente, 40% lo hace por semana.

Lo anterior presenta un punto crítico, dado que el 57% del total de los votantes confía más en la información de índole político proporcionada por sus amigos y conocidos que la del mismo candidato.

En la era de las redes sociales los candidatos no hacen la campaña solos, nosotros como audiencia la hacemos con ellos. Y en pocos casos puede verse con tanta fuerza esto, como en la campaña incansable que Trump sigue haciendo desde la silla presidencial.

Y cuando decimos incansable hablamos muy en serio. El mandatario estadounidense publica al menos 11 veces al día en Twitter, su red social favorita, no hay tuit en su cuenta que no llegue a los miles de respuestas. Él es increíblemente activo y dedicado en mantener una imagen positiva de sí mismo en redes, ha retuiteado 3.5 millones de publicaciones de cumplidos, felicitaciones y mensajes de admiración.

Puede haber mucha gente que no esté de acuerdo con su estilo presidencial, sus posturas políticas, y su falta de conocimiento en temas básicos o críticos, pero lo que no podemos negar es el resultado de su intensa campaña digital: Un comunidad de millones de personas que piensan que es lo mejor que le ha pasado a Estados Unidos y al mundo libre.

Mándame un WhatsApp

Compartir contenido político para hacer campaña y construir confianza en los votantes es solo el primer paso. Crear una comunidad fiel que crea el mensaje y lo siga difundiendo es crucial para ponerse a la cabeza en la competencia para ganar cualquier cargo.

Tener presencia en redes sociales solamente pone al aspirante en la conversación, pero no lo mantiene ahí. Una vez que se tiene la confianza del votante el reto es conservarla y pocos políticos mexicanos entienden esto mejor como Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco”.

La fuerza de su campaña radica en la ilusión de cercanía que ha logrado crear en sus seguidores, con una sola frase: Mándame un WhatsApp. El candidato presidencial se ha presentado como una persona tan abierta y receptiva a las necesidades del pueblo que más de una vez ha proporcionado el número de teléfono con el que pueden comunicarse directamente con él en la aplicación.

No hay un candidato más confiable en la opinión pública que aquel que piensas que conoces, ¿y quién te va a dar su número de WhatsApp si no te conoce? En una sola jugada Rodríguez Calderón se incrustó en el colectivo mexicano como el único candidato presidencial al que le importa tanto la gente a la que va a gobernar, que les da su teléfono.

El esfuerzo del equipo de relaciones públicas del Bronco no se queda ahí, manejan contenido de social media en Facebook, Youtube, Twitter e Instagram.  Redes de las que también están al pendiente para responder constantemente la mayoría de los comentarios e interacciones que la audiencia deja. El objetivo es claro: hacerles sentir a los mexicanos que el Bronco no es su candidato, que es más bien su amigo.

Aún no sabemos si estas maniobras son suficiente para que realmente logre rivalizar con los candidatos partidistas, pero definitivamente su estilo de comunicación lo han puesto en el mapa.

A fin de cuentas, como ya es bien sabido, los políticos son marcas, pero son marcas con una necesidad especial de generar confianza. Y la manera de hacerlo en el 2018 es a través de redes sociales.